Lo último – AGOSTO – 7 – 1 – Duitama, la ciudad donde el basuco marca el ritmo de la delincuencia – Trasferencia de problemas entre municipios, una de las causas de aumento de habitantes de calle en el municipio –

Lo último – AGOSTO – 7 – 1 – Duitama, la ciudad donde el basuco marca el ritmo de la delincuencia – Trasferencia de problemas entre municipios, una de las causas de aumento de habitantes de calle en el municipio –
Cada amanecer comienza igual. Antes de que los primeros comerciantes levanten las cortinas de sus negocios, varias figuras cubiertas con cobijas viejas despiertan sobre los andenes, bajo los puentes o en los parques de Duitama.
Algunos rebuscan entre las bolsas de basura; otros caminan sin rumbo, con la mirada perdida. Pero cuando el efecto del basuco desaparece, la calma también se desvanece.
Entonces empieza la desesperación.
La necesidad de conseguir otra dosis se convierte en una carrera contra el tiempo.
Un celular descuidado, una cadena, un bolso, una bicicleta o una billetera representan el dinero suficiente para volver a consumir.
Ese ciclo, que se repite una y otra vez durante el día, es el que, según expertos en seguridad, está alimentando buena parte de los hurtos que hoy tienen en alerta a la capital del Tundama.
Sin embargo, detrás de esa realidad existe una pregunta que cada vez inquieta más a los ciudadanos: ¿por qué Duitama se está convirtiendo en refugio de habitantes de calle y consumidores de drogas provenientes de otras poblaciones?
La respuesta, al menos desde la administración municipal, apunta hacia una práctica que, de confirmarse plenamente, pondría en evidencia una preocupante transferencia del problema entre municipios.
El secretario de Gobierno de Duitama, William Arturo Forero, aseguró que un número importante de habitantes de calle que hoy permanecen en la ciudad no son oriundos del municipio.
Según el funcionario, personas en esta condición estarían siendo trasladadas desde otras localidades y abandonadas en Duitama, una situación que, afirma, incrementa la presión sobre las estrategias de seguridad.
La denuncia no es menor. Si esa práctica se mantiene, significaría que algunas administraciones estarían descargando sobre Duitama una problemática social y de orden público que debería ser atendida en sus propios territorios.
Mientras tanto, la ciudad enfrenta las consecuencias.
La droga que no da tregua
Especialistas en seguridad consultados, advierten que la mayoría de los habitantes de calle que generan mayores alteraciones a la convivencia presentan un consumo problemático de basuco, considerada una de las sustancias más destructivas por su bajo costo y altísimo poder adictivo.
Explican que esta droga produce una dependencia casi inmediata. El consumidor necesita nuevas dosis varias veces al día para evitar el síndrome de abstinencia, una urgencia que, según los expertos, puede traducirse en la búsqueda desesperada de dinero mediante hurtos u otras conductas delictivas.
«El basuco no concede descanso. Cuando desaparece su efecto, aparece una ansiedad intensa que obliga al consumidor a conseguir recursos de cualquier manera para volver a consumir, sin pensar en nada en alimento», explican analistas en seguridad ciudadana.
Ese comportamiento, sostienen, convierte a muchos consumidores en actores recurrentes de los llamados hurtos de oportunidad: celulares arrebatados, bolsos robados, bicicletas desaparecidas y pertenencias sustraídas en cuestión de segundos.
No obstante, los expertos aclaran que no toda persona habitante de calle comete delitos y que las respuestas institucionales deben combinar acciones de seguridad con atención integral en salud mental, tratamiento de adicciones y políticas de inclusión social.
El negocio que se mueve entre las sombras
Pero la historia no termina en el consumidor.
Porque detrás de cada dosis existe una red de distribución que, según especialistas en seguridad, también estaría creciendo en Duitama.
Los analistas consideran que el microtráfico ha encontrado un escenario favorable para expandirse debido a varios factores, entre ellos la capacidad limitada de pie de fuera policial frente a la extensión del territorio urbano y la movilidad de quienes integran las redes de expendio.
Ya no sería necesario acudir únicamente a las tradicionales «ollas». Según los expertos, los expendedores, conocidos popularmente como «jíbaros», han cambiado de estrategia.
Ahora, afirman, la droga se distribuye en distintos puntos de la ciudad y, en muchos casos, son los propios expendedores quienes buscan al consumidor allí donde permanece:
parques, separadores, zonas verdes, puentes, lotes baldíos e incluso inmediaciones de sectores comerciales, sin hablar de persuadir al consumo a niños, niñas y adolescentes en los colegios públicos.
La modalidad dificulta el trabajo de las autoridades porque dispersa el mercado ilegal y reduce la permanencia de los vendedores en un solo lugar.
Mientras las dosis circulan por las calles, también lo hace el miedo.
Comerciantes viven entre la incertidumbre
En el centro de Duitama, varios comerciantes reconocen que modificaron sus rutinas. Algunos instalan cámaras adicionales, otros contratan vigilancia privada y muchos prefieren cerrar más temprano.
El temor ya no responde únicamente a la pérdida económica.
También existe preocupación por la confrontación constante entre consumidores, las riñas derivadas del tráfico de estupefacientes y la sensación de inseguridad que, aseguran, aleja clientes y deteriora la imagen de sectores tradicionalmente comerciales.
Aunque la Policía mantiene operativos contra el microtráfico y las autoridades municipales desarrollan jornadas de atención a población vulnerable, ciudadanos consultados consideran que las acciones resultan insuficientes frente al crecimiento del fenómeno social.
Una ciudad frente a un problema regional
La presencia de habitantes de calle, el consumo problemático de basuco y la expansión del microtráfico no son hechos aislados.
Especialistas coinciden en que conforman una cadena en la que convergen la exclusión social, la drogadicción, las economías ilegales y los desafíos en materia de seguridad ciudadana.
La advertencia del secretario de Gobierno sobre el presunto traslado de habitantes de calle desde otros municipios abre, además, un debate que trasciende las fronteras de Duitama:
¿Quién responde cuando una ciudad termina recibiendo una problemática que otros no han logrado resolver?
Por ahora, las respuestas siguen siendo insuficientes.
Entre tanto, cada mañana, cuando el sol apenas ilumina las calles de la ciudad, la escena vuelve a repetirse. Los consumidores despiertan buscando una nueva dosis; los expendedores continúan moviéndose entre las sombras, según los expertos; los comerciantes levantan sus rejas con incertidumbre, y miles de ciudadanos salen a trabajar con una preocupación que ya forma parte de la rutina.
En Duitama, la inseguridad dejó de ser únicamente una estadística. Para muchos habitantes, se convirtió en una realidad cotidiana que exige respuestas de fondo antes de que el problema continúe creciendo.


